jueves, 30 de noviembre de 2017

CABEZA AJENA de Andrés Cota Hiriart


152 páginas. Novela

Cabeza Ajena, de Andrés Cota Hiriart, se impone como una novela de aventuras y un relato científico. Es también la historia de una atracción inevitable y de un viaje íntimo y al mismo tiempo revelador. Cabeza Ajena es la prueba de que, como pensaba George Steiner, los seres humanos se relacionan y se definen en su afán inevitable de saber o conocer a toda costa.

     Un grupo de amigos experimenta consumiendo diversas sustancias a lo largo de un recorrido en el que la curiosidad y el conocimiento estrechan las relaciones y la amistad entre Camilo, Boris, Genaro y Valenzuela. La aparición de una mujer pelirroja, la gentil paramédica, Nina, es también el detonante sexual y amoroso que llevará a Camilo hacia una profunda auscultación de si mismo. Nina se unirá al grupo y su presencia será determinante en la visión que los amigos poseen de la experiencia física y sicológica en el espacio de las regiones alteradas. Un final inesperado e insólito hace, además, que la lectura de esta novela nos lleve a la reflexión científica y al enigma literario. 


Andrés Cota Hiriart

Andrés Cota Hiriart (Cd. México 1982), biólogo dedicado a las letras. Preside la “Sociedad de Científicos Anónimos” y es autor de los libros de ensayo: Faunologías, aproximaciones literarias al estudio de los animales inusuales (Festina 2015), y El ajolote, biología del anfibio más sobresaliente del mundo (Elefanta-Secretaría Cultura 2016). Sus textos han aparecido en Nexos, Animal, Avispero, ¿Cómo ves?, Quo, blog de Letras Libres, Telecápita, Pijama Surf; es columnista de la revista Vice.






FRAGMENTOS DEL LIBRO
“Planetas, estrellas y galaxias pasaron zumbando mis oídos como balas, solamente que quien se estaba moviendo a la velocidad de un proyectil, era yo. La Vía Láctea se presentó en el horizonte y segundos después era justamente nuestra galaxia la que dominaba mi campo visual. Sistema solar, Plutón, Urano, Saturno, Júpiter gordo como Valenzuela; planeta Tierra, atmósfera, nubes, continentes, montañas, Ciudad de México. Por una fracción de segundo capté mí cuerpo tumbado en el sillón; después, con la fuerza de un meteorito, me impacté de lleno contra mí mismo.”


“¿Eso que veíamos como azul existía en realidad? Si no era otra cosa más que un conjunto de rayos de onda corta emitidos desde el sol, reflejados sobre los objetos, absorbidos a través de los ojos e interpretados por el cerebro, ¿podíamos decir que era una característica válida del entorno? ¿Si un árbol cae en el bosque y nadie lo escucha, hace ruido? Para mí sí, en ese instante al menos, no me quedaba la menor duda: el árbol hacia ruido y el azul era parte del mundo.” 

 “El doctor en turno y la pelirroja intercambiaron palabras; la escuché informar con detalle los pormenores de mi situación. Después, renovada y alegre se paró en la cabecera de la camilla, me miró intensamente asomándose por encima de mi cabeza y dijo:
            —Vas a estar bien, ya verás. Estuvo cerca, pero al parecer la libraste. Cuídate… —leyó mi nombre del reporte—, Camilo.”